sábado, 13 de septiembre de 2014

4U L0V3 - Capítulo 1: Cuando lo ajeno es también propio -

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Un vasto infinito se alza a mis pies, no hay aire que respirar ni cielo que visualizar, tampoco se siente como si pisara sobre tierra firme o flotara sobre el agua. No hay luz ni oscuridad, quizás para muchos el término oscuridad, o sea la ausencia completa de fotones impactando entre mis retinas, sería el adecuado en este caso e incluso haría más simple la explicación a este fenómeno inmaterial y desconocido, pero no puedo asegurar sobre algo que desconozco y no quiero conocer.

No siento miedo. No tengo culpas que expiar. No viene a mi mente ningún deseo que anhele ahora. El término correcto podría ser que siento paz, desde la punta del dedo gordo del pie hasta el plexo solar sobre mi cabeza y entre cada uno de los órganos que lo componen. Tal vez sea bueno esto, por una vez en mi vida puedo descansar de todo y de todos, pero también se siente vacío como si una simple palabra pudiera tirar todo este mundo abajo. Y no me quiero retirar todavía, tal vez sea la última vez que pueda estar aquí, necesito aprovechar el instante lo máximo posible.

-¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-

Suena un sonido que no quería oír, le pido que por una vez en su vida no me moleste, pero no hace caso y sigue. Retumba en mis tímpanos y el eco mantiene esas vibraciones auditivas dentro de mí.  Por más que lo desee y se lo pida de rodillas, no se irá hasta que lo desconecte.

-¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-

¡Es insoportable! Por Dios que alguien lo calle de una maldita vez, si este es el precio de un milagro prometo ir los domingos a misa.

 -¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-
-¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-
-¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-

¿Esto es en serio? Después se quejan cuando digo que soy ateo. Lo intentaré esta vez con buda.

Hey pelado, si te hablo a vos, el tipo que medita sobre el almohadón y pone cara de póker antes de decir algún verso incoherente, te prometo prenderte velas y ofrendarte un vaso de agua mineral todas las mañanas, solo si me prometés hacer que esa cosa deje de sonar por un rato.

¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-

Ok, ok, ok. Ahora entiendo por qué dicen que gracias a ustedes y toda la fanaticada que los siguió, el mundo casi ni progresó. Es más, voy a prenderle velas a Einstein, Newton y a Verne.

Me toma unos segundos ponerme de pie, casi diría que en automático, tomar el sonajero de pandora y exorcizarlo contra la pared.

-Rii… Rii…riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!-

Ahora suena como si estuviera ahogado, pero como si fuese algo de vida o muerte, el muy ruin sigue sonando. He llegado a pensar que en vez de un simple despertador, me compré un avión kamikaze que se rearma al impactar, para luego seguir tirándose como si fuera una montaña rusa.

Aunque al menos las montañas rusas me parecen divertidas, pero para no irme de la comparación, sería más como tener que visitarla todos los días y luego de un tiempo se volvieran rutinarias al punto de llegar a odiarlas, como odio a las zanahorias o a todo lo relacionado con ellas.

Poniéndolo desde un punto de vista lógico, si es que me permiten llamarle así, soy alguien que se enamora a primera vista de las cosas desconocidas, luego se vuelve un adicto a ellas y al final se termina volviendo un antagonista de aquello que amó en un principio. Hay excepciones en todo esto, no odio mis pantalones (aunque quisiera), ya que por norma social no puedo salir a la calle mostrando mi bóxer o mis medias deportivas.

Sin más preámbulos, me doy un cachetazo en seco, este impacta en la mandíbula y hace temblar al cerebro trayéndolo de manera instintiva a un estado de alerta. Las extremidades todavía no responden, pero al menos ya puedo girar un poco la cabeza y mirar que sucedió con el aparato chillón.

La mirada aun esta desenfocada y los pocos rayos de luz que alumbran mi cama desde la ventana pueden reconocer aquel brillante contorno metálico, por lo visto quedo atrapado entre las sabanas y la pared, que explican el porqué del sonido que sentí hace poco.

Cierro los ojos de nuevo, a sabiendas que ya no me será posible volver a dormir ni tener aquel extraño sueño, pero le ayudaran a mis músculos a relajarse y empezar la mañana de una forma más positiva. Desde lo lejos escucho el parloteo de unos gorriones, el motor de un auto que ruge antes de partir y la puerta de mi casa cerrándose de un golpe.

Espera un segundo… ¿La puerta de mi casa cerrándose de un golpe?

Debo estar alucinando, no hay manera de que eso suceda, vivo solo y soy la única persona que posee una copia de la llave.

Eso solo puede significar una cosa, mi cuerpo se tensa de solo pensarlo, seguro que han entrado ladrones a robar y piensan que esta casa está vacía, como sucede en los días que voy a trabajar.

-jajaja-

Rio por un segundo ante la ironía, el primer día de vacaciones y en la primera mañana de descanso alguien entra a tomar mis pertenencias, como si el destino se buscara venganza de algo que no recuerdo haber hecho, aunque tampoco me arrepiento, pero que debería de hacerlo si es que quiero seguir avanzando hacia adelante.

Algunos dirán que es el karma, otros que estoy meado por un elefante o quizás un dinosaurio y solo unos pocos trataran de darme una mano. Pero viendo la situación, creo que me llevo mejor con personas mancas que con gente que simula tener prótesis para no usar sus benditos brazos. Hay que ser realista, quien necesita algo como eso si se le puede pagar a alguien más para que haga de pulpo.

Antes de levantarme y realizar alguna tontería, de la cuales muy seguro que salga mal parado, tengo que analizar el entorno y asumir las posibles salidas con las que cuento. La puerta es lo más simple, aunque sería similar a ponerme el cañón de la pistola en mi boca y pedir a gritos que el tipo del otro lado del arma tenga la delicadeza de no disparar. La otra es usar esta ventana a mi derecha y saltar como si fuera una competencia olímpica de natación, ya que no tiene bordes por fuera en donde apoyar mis pies y en una altura de un segundo piso. Luego está el armario, que quito por sonar demasiado estúpido, lo primero que van a abrir para llevarse mi ropa. Y finalmente debajo de la cama, que no suena tan disparatado si pienso en el largo de las colchas, que casi siempre, lustran el suelo cuando decido ordenarla por el simple hecho de que parezca ordenada.

Abro los ojos, ya decidido de cómo afrontar el destino que se planta sobre mí y ruedo hacia la izquierda, antes de caer por ese acantilado de un par de centímetros, comprendo que hacer ruido solo traería sospechas y ellos podrían dar que todavía me encuentro aquí. Poso la punta del pie derecho y luego el otro, bajo mis brazos colocando todo el peso de mi cuerpo en las manos, hago lo mismo con el pecho, que se siente horriblemente frío y al final los brazos, que antes estaban en una posición similar a la de bajar en unas flexiones. Ahora lo único que queda es arrastrarme hacia los laterales.

Siento unas pisadas que ascienden desde las escaleras, en casos normales no les tomaría más de 4 o 5 segundos en llegar, pero tienen que ser precavidos, la ilegalidad de sus actos no deberían de ser descubiertas por tales tonterías. Por ende, puedo asumir que les tomara el doble, o tal vez el triple, de tiempo en llegar hasta mi posición.

Salgo de mi letargo y llevo de una sola vez el cuerpo hacia el lugar señalado, diría Edén pero sonaría como si fuera religioso o un lunático y no quiero que me vean así. Dado que estoy debajo de un mueble recubierto de todas las posiciones visibles, los sentidos naturales quedan reducidos a solo cuatro, pero no me toma menos de medio segundo en ubicar la pared y acurrucar mi ser contra el rincón todo lo que puedo. Ahora lo único que queda es esperar y rogar porque no se les ocurra robar las sabanas o buscar si guardo dinero dentro del colchón o la almohada, conozco a gente que es así, pero yo no soy de esos, soy costumbrista y prefiero los bancos.

La puerta se abre sin ninguna precaución de por medio y por unos instantes los pulmones se congelan, tengo miedo de que el solo respirar pueda hacer que aquel invasor me localice. Las manos tiemblan e incluso mi vejiga parece haber ganado consciencia propia. Es humillante a decir verdad, no poseo valentía o con entrenamiento militar, créanme que en ese caso hubiera estudiado para policía, tan solo soy un tipo común que trabaja en una pequeña oficina de una empresa extranjera.

Tendría que haber pospuesto mis vacaciones y de esa manera ganar el aprecio de mi jefe, luego conseguir un ascenso, comprarme una casa en un lugar alejado de los suburbios, tener una secretaria hermosa y finalmente casarme con ella. Todo es tan absurdo que me dan ganas de golpear mi cabeza contra la pared, tantas veces como sea posible, esperando que no duela y confirme que todo es un sueño dentro de otro sueño.

-¿Leo? ¿Estás despierto?-

Parece una voz femenina, tal vez la he escuchado en algún lado pero no recuerdo donde.

-Sé que estas en casa, las llaves del auto aún siguen en la mesa y no sos una persona que salga a caminar simplemente por gusto-

Esa tipa me conoce, eso hace que mi miedo se transforme en furia. Pero todavía estoy inseguro, puede ser una trampa hecha adrede y salir justifique el plan de esa malévola mujer con voz de canario.

-Ya miré en todos lados, el único lugar que me queda por buscar es acá-

Se detiene en seco y una pequeña risa aflora en el ambiente, creo que se planteó lo mismo que yo hace un rato.

-¿Dónde te podrías haber escondido?- suena jovial, mientras hace rechinar las mal mantenidas bisagras del armario.

De pronto se vuelve sobre sus pasos y una luz aparece desde la esquina, volviéndose más y más fuerte a medida que las cochas son llevadas al lado contrario de donde deberían de estar ubicadas cuando son tendidas de manera correcta. Los pies se frenan y una rodilla ocupa el lugar de donde estaba el pie derecho, que ahora se ubica más atrás que el otro, un brazo cae al suelo y una cabeza curiosa se asoma hacia donde estoy.

Un rostro brilloso me mira con detenimiento, absorbiendo a detalle la antinatural posición que elegí, dibuja una sonrisa como uno haría cuando encuentra a otro en el juego de las escondidas y posiciona sus dos bellos ojos color ámbar antes de siquiera comentar esta tontería a la que estoy jugando.

Tal vez para ella yo estoy jugando a algo y por alguna incoherencia se decidió a formar parte sin pensar lo loco que suena. Pero es mejor así, hace difuminar un poco el sentimiento patético que poseo ahora.

-¡Te encontré! No sé si te lo había dicho, pero el único juego que me salía bien era el de las escondidas.-

Habla sin esperar que yo le responda algo, quizás lo haga, pero primero tengo que encontrar alguna escusa que suene lo menos ilógica posible. Pero el haberme despertado así no ayuda, necesito alimento y un poco de agua en la cara.

-Pensé que podríamos desayunar juntos, al menos ahora no te podés quejar, ya que estas de vacaciones y te sobra el tiempo.-

Sin recibir una respuesta de mi parte, asumiendo que la seguiré sin oponer ninguna resistencia, se levanta, da unos pequeños golpes a su falda para limpiar el polvillo y se retira hacia el comedor. Escucho sus pasos alejarse, casi podría decir que brinca con sus tacos en punta, seguidos por un descenso pausado pero firme, hasta que ya no puedo oírlos más.  

Salgo de donde estoy y camino directo al baño, pero algo trae sobre mí un sentimiento extraño, es mi casa pero también no lo es. Digo, puedo reconocer la mayoría de los objetos que decoran el lugar y aun así se sienten ajenos, como si yo los hubiera colocado allí y no recuerdo ni el porqué ni cuando decidí hacerlo. Algo me dice que hallare mi respuesta una vez que dialogue con esa bella señorita.

Hago una observación más, esta vez buscando el detalle y mis pupilas se detienen en un almanaque. Cierro los ojos y los vuelvo a abrir, nada cambia. Hago lo mismo unas 6 o 7 veces más y decido asumir el hecho, temo que si no lo hago el cerebro va a explotar.

‘’27 de abril de 2027’’

Pasando por alto, que a lo que yo refiero como calendario parece ser algo similar a un reloj digital brillando desde la pared, la situación comienza a ponerme nervioso. Es ilógico, no posee ningún marco, no hay vidrio que lo sostenga, solo están los números, las letras y un cemento pintado de blanco.

Necesito hablar ya con aquella extraña conocida, o bien dormí por 13 años o realmente he viajado sin querer al futuro, no lo sé, pero estoy a tan solo unos pasos de conocer la verdad.

Avanzo hacia la puerta, si tengo que hacer algo lo haré, porqué ahora esconderme no servirá de nada.


Continuará…

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Aun le falta darle la edición, lo escribí sin detenerme a corregir nada, en pocas palabras fue redactar sin pensar y ver hasta que punto podía llegar sin hacer ni una sola pausa.

Tengo una idea de hacia donde llevar el argumento, pero corto simplemente por el hecho de que el hambre puede mas que mis ganas por seguir escribiendo :P

Queda en deuda agregar alguna imagen, ya sea dibujando o editando algún fondo, mientras practico un poco el uso de esos programas.

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